ENFOQUE ANALÍTICO

El desplazamiento forzado es un hecho que genera fuertes afectaciones sobre diferentes ámbitos de la vida personal y comunitaria de la población que lo enfrentó, especialmente por la ruptura drástica que significa en la trayectoria de vida y los cambios profundos que genera en las relaciones con el otro y con el lugar.

Este tipo de afectaciones que tiene el desplazamiento forzado que van más allá de las pérdidas materiales han sido abarcadas ampliamente por diferentes autores. En el informe ¡Basta ya! Memorias de vida y dignidad del Centro Nacional de Memoria Histórica, se mencionan por ejemplo aquellos impactos que tuvo la violencia sobre las relaciones interpersonales, la salud física y emocional, las redes comunitarias, entre otros aspectos de la vida social y familiar de la población víctima (Grupo de Memoria Histórica, 2013, pág. 260). Se reconocen en este informe igualmente los daños socio culturales que tuvo el conflicto, dentro de los cuales se destacan aquellos que vulneraron las prácticas sociales y modos de vida de las comunidades y por tanto sobre sus identidades grupales y colectivas (Grupo de Memoria Histórica, 2013, pág. 272).

En cuanto a los daños simbólicos sufridos por la población desplazada, tales como son la pérdida de bienes, tierras o infraestructura, merece especial atención el reconocimiento del informe a las afectaciones socioculturales que traen consigo, bajo el entendido que “las posesiones materiales son portadoras de sentidos y significados” (Grupo de Memoria Histórica, 2013, pág. 275).

Otro efecto derivado del abandono de tierras que trae consigo el desplazamiento forzado y que se alerta en el informe, tiene que ver con las afectaciones en las dinámicas productivas y los proyectos comunitarios agrícolas, los cuales adicional al daño material, generan graves daños morales “pues se afectan labores con las cuales sus pobladores se sienten orgullosos, en los que despliegan sus habilidades y conocimientos y que garantizan el sustento diario. Su destrucción causa sentimientos de impotencia, inestabilidad, escepticismo y desesperanza.” (Grupo de Memoria Histórica, 2013, pág. 275).

Por último, se anota en dicho informe que el desplazamiento forzado trajo también afectaciones en las formas de vida en común y las relaciones sociales generadoras de identidad y de delimitaciones en el territorio (Grupo de Memoria Histórica, 2013, pág. 277).

Estas afectaciones se abordaron conceptualmente dentro de la investigación en la que se circunscribe la presente metodología como afectaciones sobre el territorio y la territorialidad. Esto bajo el entendido de que el concepto de territorio abarca las relaciones con el entorno físico y con la comunidad, o parafraseando a Saquet (2015, pág. 40): el territorio es producto de la relación entre la sociedad y la naturaleza y es el que permite la reproducción social, es un campo de poder producido espacio-temporalmente desde las vivencias cotidianas. Desde esta óptica, el territorio es también un portador y generador de apropiaciones y representaciones culturales.

Este abordaje del territorio desde lo relacional establece una conexión directa con la concepción de territorialidad. Al respecto, uno de los principales aportes para esta concepción es el propuesto por Raffestein (1980). Para este autor, la territorialidad se asocia a la vida misma (al espacio “vivido” diría el autor), vida que es un tejido de relaciones, por lo tanto define la territorialidad como el conjunto de relaciones externas del individuo en un espacio tiempo determinado. Para Raffestin, la territorialidad son todas las relaciones bio-sociales que tiene el ser humano con su entorno (Raffestin, 1980).

Para el mismo Raffestin cuando un individuo se apropia de un espacio (también en el sentido abstracto mediante representaciones), el individuo está “territorializando” el espacio (Raffestin, 1980). En la misma dirección, Sack (1986, pág. 19) considera que la territorialidad es “un esfuerzo estratégico y deliberado de un individuo o grupo para afectar, influenciar y controlar gente, fenómenos o relaciones, mediante la delimitación y afirmación del control sobre un área geográfica”. Para Haesbaert, por su parte, la territorialización es tener poder sobre nuestra reproducción como grupos sociales o como individuos, “poder que es siempre multiescalar y multidimensional, material e inmaterial, de «dominación» y «apropiación» al mismo tiempo” (Haesbaert, 2011, pág. 83).

Como se verá en el punto cinco de este documento, el marco teórico descrito anteriormente determinó la definición de categorías en las actividades planteadas para identificar colectivamente los impactos que tuvo el desplazamiento, buscando abarcar todos los cambios que tuvo la población desplazada en las relaciones con el otro, con su entorno y en sus representaciones y proyectos personales

 

El problema

El desplazamiento forzado de población en Colombia, dependiendo del territorio y el momento del proceso histórico del conflicto armado interno, ha cobrado características y dinámicas diferenciales. De acuerdo con la caracterización del Centro Nacional de Memoria Histórica (2013), este fenómeno estuvo ligado territorialmente a tres dinámicas:

  1. Las disputas entre actores armados
  2. Los procesos de concentración de la tierra, y
  3. Los conflictos alrededor de los usos y la tenencia de las mismas[1].

En el caso del territorio sur occidental del departamento del Tolima[2], un territorio transcendental en la historia del conflicto armado interno colombiano por ser escenario del surgimiento de los primeros grupos insurgentes y de autodefensas campesinas, se presentó el mayor número de casos de victimización por desplazamiento forzado de todo el departamento.

Según los datos del Registro Único de Victimas – RUV[3], en esta subregión fueron expulsadas forzosamente de su territorio 101.468 personas, lo cual representa el 31,9% del total de casos del desplazamiento forzado en el departamento (318.501 personas), y el 81,6% de la población que habita actualmente el territorio, según proyecciones y estimación de población del DANE[4]. En cuanto a la dinámica que ha tenido esta problemática en el tiempo, en la Figura 1 se ilustra el total de personas desplazadas por año entre 1984 y 2018 (periodo disponible en el RUV) para los cuatro municipios analizados.

En términos generales, se observa que los casos de desplazamiento tienen una tendencia creciente a partir del año 1996, la cual solo empieza a contrarrestarse a partir del año 2014. Se pueden identificar dos momentos de crecimiento drásticos durante este periodo para los cuatro municipios:

El primer momento inicia a finales de la década de 1990, alcanzando cifras críticas especialmente en los municipios de Rioblanco en el año 2000 (5.997 personas desplazadas) y Ataco con 3.300 personas desplazadas en el año 2002. El segundo periodo de incremento drástico en los casos se registra entre los años de 2006 y 2008, año en el que las cifras rondaron nuevamente los 3000 casos, incluidos en este punto también los municipios de Chaparral y Planadas. A partir del año 2009 los datos registrados se mantienen alrededor de los mil casos. Solo a partir del año 2017, año en el que se realizó la firma del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, los casos caen considerablemente.

Dado el carácter diferencial de la problemática del desplazamiento en cada territorio del país, y la intensidad del fenómeno en el sur del Tolima, se consideró necesario identificar patrones y contextos explicativos que dieran cuenta del por qué  y el para qué de los hechos asociados al desplazamiento forzado en esta subregión, la relación de la problemática con otros hechos victimizantes ocurridos y las condiciones estructurales que permitieron la aparición, persistencia y variación de esta problemática en esta zona en específico, obedeciendo los lineamientos metodológicos de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición[5].

Consideramos en este sentido que solo a partir de una explicación profunda de las causas y dinámicas del desplazamiento forzado de población en el sur del Tolima y su relación con el conflicto armado interno, se pueden abrir las puertas para la identificación de las transformaciones necesarias a nivel institucional, territorial y cultural para la no repetición de nuevos casos de desplazamiento forzado en el futuro.

Adicionalmente, el conflicto armado interno y el desplazamiento forzado ocasionaron fuertes impactos[6] sobre la población víctima y los territorios, impactos que abarcaron tanto factores materiales, como inmateriales, y que afectaron profundamente las oportunidades y los proyectos de vida de miles de familias colombianas.

Entre los impactos sobre el territorio victimizado y la territorialidad de la población víctima, el Centro Nacional de Memoria Histórica ha caracterizado por ejemplo aquellas afectaciones sobre las relaciones interpersonales, la salud física y emocional, las redes comunitarias, entre otros aspectos de la vida social y familiar de la población. Igualmente, dentro de los daños socio culturales, se mencionan la vulneración a prácticas sociales y modos de vida de las comunidades y por tanto sobre sus identidades grupales y colectivas[7].

Se considera en el presente informe que la caracterización de los contextos explicativos del conflicto armado y el desplazamiento forzado en el sur del Tolima debe abarcar el reconocimiento de este tipo de impactos en el territorio y la territorialidad. Esto bajo el entendido de que dichos impactos, los cuales son desconocidos hasta el momento, afectaron los proyectos de vida individuales y colectivos de la población campesina, indígena, LBGTI, mujeres y niños, niñas y adolescentes diferencialmente.

El reconocimiento de estos impactos y de la dignidad de las víctimas, acompañado del reconocimiento de los patrones explicativos anteriormente planteados, es lo que permitirá crear el ambiente necesario en la sociedad para la transformación y resolución pacífica de los conflictos en el futuro, y que conllevarán a la convivencia y el respeto de la diferencia, elementos necesarios para la no repetición como un propósito común entre la población del sur del Tolima.

La hipótesis

El desplazamiento forzado en el sur del Tolima estuvo asociado principalmente a las disputas de control territorial entre los grupos armados legales e ilegales, y ocasionó afectaciones en el territorio del sur del Tolima, y la territorialidad de las personas que fueron obligadas a abandonar sus hogares.

[1] Centro Nacional de Memoria Histórica, 2015, pág. 129 

[2] En esta propuesta se enfocará el análisis en los municipios de Ataco, Chaparral, Planadas y Rioblanco

[3] Con corte a mayo de 2019

[4] Estimaciones de población 1985 – 2005 y proyecciones de población 2005 – 2020, DANE. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/demografia-y-poblacion/proyecciones-de-poblacion Recuperado el 4 de mayo de 2019

[5] Lineamientos metodológicos CEV (2019) https://comisiondelaverdad.co/images/zoo/publicaciones/archivos/comision-verdad-lineamientos-metodologicos-2019-01-18.pdf Recuperado el 4 de mayo de 2019

[6] Impactos definidos en el punto tres del mandato de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad como “impacto humano y social del conflicto en la sociedad”, lo cual abarca “los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, y las formas diferenciadas en las que el conflicto afectó a las mujeres, a los niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos mayores, a personas en razón de su religión, opinión o creencias, a las personas en situación de discapacidad, a los pueblos indígenas, a las comunidades campesinas, a las poblaciones afrocolombianas, negras, palenqueras y raizales, al pueblo ROM, a la población LGBTI, a las personas desplazadas y exiliadas o víctimas del conflicto que se encuentren en el exterior , a los defensores y las defensoras de derechos humanos, sindicalistas, periodistas, agricultores y agricultoras, ganaderos y ganaderas, comerciantes y empresarios y empresarias, entre otros”. Decreto 588 de 2017

[7] Centro Nacional de Memoria Histórica (2013). ¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional